sábado, 19 de diciembre de 2015

Benedicto XV y ocho apellidos catalanes

El otro día volvía de la presentación del libro de mi tío sobre Benedicto XV. Sentado en el 2 atravesaba la Gran Vía, y me fijé que en los cines de Callao se arremolinaba la gente para ver a los actores de "Ocho apellidos catalanes" . Debían estar promocionando la película entre los periodistas y críticos de cine en el pres-treno de la cinta. Pensé en lo distinto de ambos eventos. 
No es que mi familia se dedique profesionalmente al mundo literario. Por eso tratándose de un acontecimiento de primer nivel en el seno del clan, acudimos cuantos pudimos a esa cita. Desde luego para mi era del todo desconocida la figura de ese Pontífice. No así para los ilustres copresentadores del libro que se sentaban junto a mi tío. En aquel salón de una antigua peña de la capital, personas cultas conocedoras de la historia -políticos, catedráticos, diplomáticos- disfrutaban del encuentro y de la belleza del pasado y sus personajes, de las personas cultivadas y con juicio crítico, de los valores que forjaron a los héroes, del mundo y sus placeres reservados a los artistas y poetas.
Debo decir que me gustó mucho la película anterior de "Ocho apellidos vascos". Sin embargo, no son esos los modelos de hombres y mujeres que quiero para los jóvenes españoles. Tampoco el de los futbolistas y sus peinados, ni el de la farándula y sus infidelidades. Los jóvenes necesitamos héroes de carne y hueso que inspiren ideales altos y que sean capaces de mover a una autentica regeneración de los valores de nuestra sociedad española y europea.
Hay eventos para todos los gustos, sólo que unos influyen en el transcurso de la historia y otros no.