sábado, 19 de diciembre de 2015

Placeres de niño

Todo fue por el jabón de manos. Ayer usé el jabón del lavabo de la casa de un amigo (¡es agotador tener que explicarlo todo!). Pues bien, el olor me recordó a la casa de mis abuelos, y con ella a los veranos pasados de niño ahí. ¿Cómo se puede disfrutar tanto con lo sencillo? 
Tomar coca-cola los domingos en el aperitivo (el resto de días no había ni aperitivo ni coca-cola).
Dar una paseo por las noches con los perros y convencer a tu tía para que te compre un "helado de palo" en aquella cafetería al aire libre.
Que esa misma tía -siempre cariñosa- te lea un capitulo de un libro antes de dormir a ti y a tus dos hermanos con los que duermes en la misma habitación.
Que en todas las comidas en el porche hubiera gazpacho de primer plato.
Esperar a que vinieran los primos por la tarde para jugar a polis y cacos, o a Drácula, o liebre (el juego era el pillapilla con pequeñas variantes).
Que el agua de la piscina estuviera siempre tan condenadamente fría, y que nos diera miedo bañarnos por la noche porque habíamos visto la película Tiburón.
Recoger piñones del jardín y usar una piedra para partirlos y así mitigar el hambre de media tarde.
Bañar a los perros con una manguera y jabón y que acabases bañándote tú con la manguera, el jabón y los perros.
...
Amigo gracias por ese jabón de manos de glicerina que me trajo tan buenos recuerdos.