sábado, 19 de diciembre de 2015

Querido Abel Azcona

Querido Abel:
Hasta ahora no te conocía. Esta mañana he buscado tu nombre en Internet. Resulta que eres artista. Me he fijado en que tenemos la misma edad. En una entrevista reciente leo que has tenido una infancia difícil. Desde luego ese origen no lo tenemos en común. Tú has sufrido mucho, no lo niego ¿Sabes en lo que sí nos parecemos? En que los dos queremos mejorar la sociedad. 
Respecto a tu último performance, quiero que sepas que estoy de acuerdo contigo: hay que acabar con la pederastia, tú has sido víctima y eso te ha marcado. En lo que no coincido contigo es en el modo de denunciar ese problema. Lejos de mover las conciencias, las violentas. Sí, las violentas. Las insultas. En definitiva, las hieres.
Usa esa sensibilidad artística para curar heridas, no para producirlas ¿Por qué provocar mediante el insulto? Tu "libertad de expresión" atropella mi "libertad religiosa". No se puede matar en nombre de Dios, y tampoco se puede matar a los que creen en Él. Afortunadamente en España nadie está asesinando en nombre de Dios. No uses tú un arte violento contra los que creemos en Él. 
Cuando era pequeño, en el colegio teníamos una regla para las peleas: Insúltame a mí pero no a mi madre. Y es que cuando alguno enfadado hacía alusión a la madre de otro, la respuesta de un puñetazo en la cara estaba justificada.
Quizás de niños no razonábamos tanto, pero ahora sí Abel. Ahora ni tú te metes con mi madre, ni yo te respondo con un puñetazo. Utilizamos las leyes y la justicia para combatir la injusticia. Y tú como artista busca cumplir aquello de que la belleza salvará el mundo. La belleza, no la violencia, no la caricatura, no la burla, no el insulto.
Abel confío en que ahora puedas ser feliz. Que tu pasado se convierta en ejemplo de superación para otros, y no en arma arrojadiza contra personas inocentes. Personas que pueden no opinar como tú, y que no por ello te agraden o te insultan.
Un abrazo sincero,
José María Zaldívar
P.D.:  Me alegro que seas Abel y no Caín, porque aunque sufrió la violencia, no la produjo.