jueves, 21 de enero de 2016

Alarma social

Siguiendo la línea de pensamiento del sociólogo Leo Harlem, permítanme que comparta una alarma social que he identificado en nuestros jóvenes: no saben dar la mano, y leen muy mal en voz alta (no quiero ni imaginarme cómo lo harán para sus adentros).

Con relativa frecuencia nos vemos en la tesitura de tener que estrechar la mano de otra persona. Quizás algunos adultos sean ya un caso perdido y que por el hábito adquirido no puedan cambiar con tanta facilidad como los jóvenes. En cualquier caso, la ausencia de presión en el momento de estrechar la mano de otra persona transmite una total ausencia de interés, seguridad, afecto o lo que quiera que significase para los antiguos dar la mano a un semejante. Este asunto me preocupa en los jóvenes, los centinelas del mañana, por la escasa importancia que dan a estos gestos. ¿Dónde está ese contacto visual que reconoce la presencia de la otra persona? ¿Ese dar la mano entera, y no solo un par de dedos? ¿Ese apretón corto, limpio y fuerte que le ahorre sensaciones extrañas a la otra parte?

Lo de la lectura sí que es como para convocar una manifestación silenciosa, por si hubiera entre las filas alguno de esos jóvenes que lamentablemente desconocen el sufrimiento que infligen en sus oyentes cada vez que tienen que escucharles leer una lectura en el funeral del abuelo, en un discurso del representante de alumnos de secundaria, en una clase de esas de "lea, por favor, en voz alta el punto 3.2 del libro". Solo les pido que golpeen a sus hijos con el mando de la playstation hasta que sean capaces de desarrollar ese milagro de la educación que es la lectura, combinados los ojos y la voz en un solo ejercicio.

Gracias por su atención.