viernes, 5 de febrero de 2016

El lejano oeste

Tal como quedamos, les relato mi visita al Thyssen el domingo pasado. Quedé con mi amigo Pedro que había sacado las entradas para una exposición sobre el Oeste americano. Reconozco que quizás pequé de imprudente por no haberme informado sobre el contenido de la exposición. De lo que no pequé fue de honradez, pues le pagué los 9 euros que valía la entrada sin chistar. Ya se sabe que una inversión en cultura siempre es rentable, y me parece muy bien pagar por visitar una catedral si con eso se consigue mantenerla adecuadamente.

No era este el caso. Una exposición pequeña, sin hilo conductor, con unos pocos cuadros, unas pocas plumas de indio, y unos pocos carteles de películas de vaquero. Llegué a la salida antes de lo que me esperaba. Me recibió una tienda de souvenires que facturaba a las mil maravillas. A que niño o no tan niño no le hace ilusión un sombrero de vaquero, un paraguas tipo rifle o una alfombrilla para el ratón con paisajes desérticos. Pero para eso había que pagar otra cantidad además de los 9 euros que ya te habías dejado por hacer los 50 metros lisos en tiempo récord. Y que las obras del comisario de la exposición estuvieran expuestas y ocuparan gran parte del material ya me pareció de traca.

Lo que más me gustó fue la espectacular cabeza de bisonte y esta era cedida del museo de ciencias naturales, de manera que la próxima vez iré allí a hartarme de ver animales disecados y que el precio de la entrada me resuelva la mañana del domingo y no un cuarto de hora.

Así pues les aconsejo visitar museos, monumentos y otros espacios dedicados al arte y la cultura pero no esta exposición. Tenemos poco tiempo y hay que acertar con los planes.

Disfruten del fin de semana.