jueves, 11 de febrero de 2016

Ojos de eternidad

Hoy es el primer año que no puedo llamar a mi abuela para felicitarla. Falleció el año pasado. Hoy hubiera cumplido 88 años. Le encantaba que sus nietos la llamáramos por su cumpleaños, y eso que somos 20. En realidad le gustaba que la llamáramos casi a diario(sospecho que fue una de las mejores clientas de Telefónica). Alguna vez encontraba mensajes de voz en mi buzón que duraban una barbaridad, pero a ella solo se la oía de fondo hablando con la asistenta o con algún nieto que la hubiera ido a ver, y es que había vuelto a dejar el teléfono descolgado.

Recuerdo con cariño muchas de las horas que pasamos "hablando de nuestras cosas" como decía ella en tono confidencial si aparecía alguien y preguntaba de qué hablábamos. Y es que charlábamos de lo humano y lo divino, las últimas veces más de lo segundo.

Gozaba de un sentido del humor excelente. Quizás fue por eso que mantuvo tan bien la cabeza hasta prácticamente el final.

Era muy reconfortante ir a verla cuando tenías algún problema. Muchas veces no sabía darte una solución: los problemas técnicos en el trabajo no eran su especialidad. Pero después de escucharte con atención, pues se tomaba muy en serio todo lo que le contaras, solía decir: y eso qué es cara a la vida eterna. Y tenía razón, con el tiempo aquello que parecía tan grave no tenía mayor importancia.