martes, 26 de abril de 2016

Como en casa, en ningún sitio mejor

Cuando empecé a trabajar, una de las cosas que más ilusión me hizo fue la de disponer de ticket restaurant. Teníamos un centro comercial en frente de la oficina con varios restaurantes. Los había de comida americana, japonesa, argentina, vasca, etc. Al principio disfruté mucho yendo a todos, probando distintos menús. Era la ilusión por la novedad, por poder elegir tú la comida y así comer solo lo que te gustaba.

Pasado el primer mes, la ilusión se acabó como sucede con casi todo lo material. Lo novedoso da lugar al acostumbramiento, y finalmente al aburrimiento. Había probado todos los sitios, y repetido mucho de los que me gustaban más. Empecé a aquejar las incomodidades de una digestión pesada, y la falta de algunos alimentos -lo reconozco, nunca comía fruta, pescado o verduras-.

Experimenté la tristeza de una falsa libertad. Me sentía como el hijo pródigo que renegaba de la cocina de su madre. ¿Y qué hice? Pues volver arrepentido. Empecé a llevarme comida de casa al trabajo. Esa comida que solo sabe hacer una madre, porque no se prepara para extraños sino para hijos. En aquella época todavía no se había producido el boom de Masterchef, y la tortilla de patata era tortilla de patata.

No tengo nada contra los restaurantes, ni contra la comida preparada. Simplemente opino que yo como en casa, en ningún sitio mejor.

P.D. Para aquellos que ya no pueden disfrutar de la comida de su madre -no pretendo ponerme trágico- mi tía Paloma os puede orientar con su blog de recetas caseras: http://palomadelarica.com/

P.D. 2 ¿Vosotros también tenéis la impresión de que de un tiempo a esta parte las torrijas se han puesto muy de moda?