lunes, 4 de abril de 2016

Ironías de la vida

Me ha venido a la cabeza un recuerdo de hace algunos años. Me contaba mi madre que en una ocasión en Perú, se acercó a su coche un hombre que vendía rosas en el semáforo. Era ya tarde, mis padres volvían de una cena. Mi madre le dijo al vendedor que no quería comprar nada. El señor le hizo notar con amabilidad lo irónico de su trabajo: su mujer no se alegraba cuando él volvía a casa con flores, eso significaba que no había conseguido venderlas.