jueves, 7 de abril de 2016

Perdono pero no olvido

En un artículo anterior (Ande con cuidado) ya alertaba de los peligros para los viandantes en las calles de Madrid. Aunque ya se sabe que el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces. Eso es fácil decirlo, pero si las calles están llenas de "piedras" como para no tropezar cientos de veces.

Ayer caminando por la calle Martinez Campos pisé un chicle. Se que es asqueroso leer esto, pero peor es ser el protagonista. Como iba a casa de un amigo, tuve que fingir una cierta cojera que me impedía pisar con el talón derecho. Hubiera sido muy embarazoso restregarlo en la alfombrilla de su puerta.

Se preguntarán que hice para solucionarlo. Pues para empezar perder una moneda de dos euros intentando arrancarlo (ya había intentado usar el borde de la acera sin éxito), pero al final abandoné la moneda en una papelera y seguí con el chicle en la suela.

Al llegar a casa, y otra vez cojear por no manchar esta vez mi alfombrilla, decidí cortar un trozo de papel del tamaño del talón y cubrir con eso la inmundicia.

He dejado el zapato en la terraza a la espera de que llueva, para bajar a la calle y restregar la suela por la acera. Si esto no funciona no sé que voy a hacer.

Total que si alguien sabe quién fue el desalmado que escupió su chicle en la calle Martinez Campos (calculo que pudo ser ayer o hace un año, por la dureza de la inmundicia), por favor dígale que me arruinó la tarde, y que le perdono pero no olvido.