miércoles, 11 de mayo de 2016

La esperanza de un pueblo

Paseaba el otro día con un amigo que me hacía notar el aumento de grúas de la construcción surcando el cielo de la ciudad. Eso es señal de que la cosa mejora, me decía. Yo pensé en Rajoy y en su machacona insistencia en que lo importante es la economía. La verdad es que si todo lo que tiene que proponer es economía, podríamos darle la presidencia del gobierno a algún catedrático de universidad de reconocido prestigio.

De vuelta a casa me topé con un matrimonio que paseaba con un cochecito de bebé a las 19h de la tarde. Aquello sí me pareció un ejemplo de que el país mejoraba. Si a esa hora esa familia podía caminar junta después de una jornada laboral, entonces el futuro es esperanzador.

Quizás peco de ingenuo, pero para mí el fundamento de un país está en los niños y en las familias, en los abuelos, y en los enfermos; en las personas.

Otra noticia alentadora en este sentido ha sido la llegada de Osman -el niño afgano con parálisis cerebral- y su familia a España. Eso sí que engrandece un país: su solidaridad y la centralidad en las personas.

Quiero un país con grúas, infraestructuras y muchos puestos de trabajo; pero más aún deseo un país con niños-muchos niños-, gente joven, abuelos, familias, sanos y enfermos, todos viviendo en paz.