viernes, 13 de mayo de 2016

La cocina de Santander

La cocina es el alma de una casa. Siempre que sea un lugar limpio y recogido, es la mejor habitación para estar en familia.
La casa de mis padres en Santander tiene una cocina especial. Con una mesa grande y sólida, quizás demasiado grande para el espacio que hay. Pero no importa, se está muy bien ahí.
La escena es más o menos la siguiente: Carmen corta el pan para la cena, y lo pone en una cesta. Iñigo prepara una ensalada de tomate y ventresca. Gerardo abre las latas de sardinas, mejillones y berberechos. Mi madre pone una tabla con quesos que hemos comprado esa mañana en el mercado. Bea distribuye platos y servilletas. Mi padre se sienta a la cabecera y supervisa todo con una atenta mirada. Yo, que suelo escaquearme, me pongo una cerveza y ofrezco algo de beber a los demás.
Se está a gusto en aquella cocina. La ventana abierta en una noche de verano. Las luces de la iglesia, y nuestro piso a la altura del reloj de la fachada principal.
Bruna, la perrita, que se ha quedado rezagada en la sala de estar, ya corre por el pasillo para llegar puntual al comienzo de la cena.
No es nada llamativo ni especial, pero una cena en familia en Santander, bien vale un artículo.