jueves, 24 de marzo de 2016

Lágrimas de azúcar

Pertenezco a una generación que no sabe sufrir, y cuando sufre lo hace sin motivo o de manera exagerada.

Se nos ha enseñado a triunfar, a pasarlo bien, a buscar la comodidad, pero no a sufrir. Por eso se nos hace tan dura la vida a veces. De ahí que nos gusten tanto los selfies sonrientes en distintos lugares del mundo. El alcohol y el sexo como diversión.

Nadie nos dijo que teníamos capacidad de sufrir y por eso sufrimos. Que la madurez y el sufrimiento están relacionados. Que saber sufrir nos hace más humanos, nos perfecciona.

Recuerdo un llavero que tenía de pequeño con una frase escrita de una mujer santa: Vivir sin sufrir es vivir sin amar, vivir sin amar es morir.

Las lágrimas auténticas son saladas, no dulces.