miércoles, 30 de diciembre de 2015

Me han dado calabazas

Estuve puntual, 5 minutos antes incluso. No quería dar una imagen excesivamente formal y fui de sport: camisa y chaqueta. Era una de esas citas a ciegas en la que ella sabía más de mi que yo de ella. Nos dimos la mano (a veces nos extralimitamos con los besos en los primeros encuentros), y nos sentamos a charlar.

¿Cuéntame algo de ti? empezó diciendo. La verdad es que me considero un hombre interesante pero nunca hay que darse demasiada importancia ni aburrir a tus oyentes hablando de ti, eso es de mal gusto. Intenté contar un par de cosas que pudieran interesarla pero sin parecer demasiado pedante. Yo la verdad es que estaba nervioso, y escondí las manos debajo de la mesa para disimular mi temblor. A ella se la veía tranquila y segura, acostumbrada a llevar las riendas de la conversación. No me daba la oportunidad de preguntarle mucho porque parecía estar interesadísima en todo lo mio. Quizás eso me alentó a explayarme, a poner multitud de ejemplos, a intercalar algún fracaso entre logro y logro para dar verosimilitud a mi relato. De pronto ella miró el reloj y se levantó, la acompañé a la puerta, me dio las gracias por el encuentro y prometió llamarme pronto.

Volví caminando a casa sin estar muy convencido de ser el tipo de persona que buscaba. Repasé mentalmente la conversación por si hubiera algo de lo que dije que pudiera disgustarla o malinterpretarse.

Dos semanas esperé su llamada. Finalmente optó por escribirme un correo:

"Estimado José María:

...siento comunicarte que finalmente no has sido el candidato seleccionado...Guardamos tu cv por si en el futuro surgiera una vacante..."

No. Desde luego no era su tipo.