martes, 23 de febrero de 2016

Propinas

Mientras el país se tambalea por la falta de gobierno, a mí no se me ocurre otra cosa que escribir sobre temas peregrinos.

Esta vez se trata de una lección que me dio mi padre hace unos meses. Cogimos un taxi los dos y al llegar a nuestro destino me encargué yo de pagar. Al bajar me preguntó mi padre si le había dejado algo de propina al taxista. La verdad es que no se me había ocurrido.

Le expliqué que los jóvenes no solíamos dejar propina ni en los taxis, ni en los restaurantes, ni en las peluquerías (sitios en los que siempre he visto a mi padre dar una propina). Que se paga la cuenta y ya está. Vamos que no hace ninguna falta.

"No se da propina por justicia sino por caridad. No es una limosna, es una muestra de agradecimiento por el trabajo bien hecho. Si te limitas al criterio de derechos y obligaciones, nunca serás un caballero.", fue su respuesta.

Quizás por eso mi padre es quien es.